
Hasta cinco ministros fueron preguntados por las pulseras: Montero, por Ester Muñoz y por Juan Bravo; Bolaños, por Tellado; Alegría, por Javier Merino; Isabel Rodríguez por Mirian Guardiola; y la propia Ana Redondo por Jaime de los Santos y Silvia Franco. Parece lógico, puesto que el escándalo trasciende al Ministerio de Igualdad para afectar al de Justicia, al de Hacienda, al de Interior —al que inexplicablemente no preguntaron por este tema— y, en mi opinión, a la propia Presidencia del Gobierno.
Si la lucha contra el maltrato es un asunto de primer nivel -yo así lo creo- las responsabilidades también deben afectar al primer nivel. Pero Sánchez no estaba, «el candidato a Premio Nobel andaba dando vueltas por Nueva York», en palabras de Bendodo. Y, en cualquier caso, sorprende que ninguno de los ministros defendiera explícitamente a Ana Redondo. Tampoco lo hicieron espontáneamente Saiz, Planas o Marlaska, que, aunque no fueron preguntados por ese tema, podrían haber forzado una muestra de solidaridad. Pero es que algunos miembros de la bancada azul -Alegría y Rodríguez- ni siquiera aplaudieron a la ministra tras su intervención. Ana Redondo está sola. Las únicas explicaciones que el Gobierno quiso dar sobre este tema fueron las genéricas del argumentario, más enfocadas en atacar al PP y en proteger el posicionamiento electoral del PSOE como partido feminista -posicionamiento debilitado tras los escándalos de prostitución-, que a defender la gestión de la ministra.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 25 de septiembre de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).