Uno no sabe cómo pudo ser el retorno de los judíos desde la esclavitud de Egipto hasta la Tierra Prometida, pero, viendo las columnas interminables de gazatíes volviendo a casa, es posible que la escena fuera similar: el mismo polvo, las mismas lágrimas, el mismo dolor cronificado en la misma tierra silente. Vuelven también desde Egipto -unos- y desde Rafah o Khan Yunis –otros–, pero, en cualquier caso, vuelven como entonces, desde el sur, en busca de su tierra prometida. O de lo que quede de ella. Y, al igual que sus vecinos, intentan liberarse de una esclavitud que, en su caso, es doble. La de Hamás, que los ha condenado a la miseria; y la de Netanyahu, que ha hecho algo aún peor que esclavizarlos: asesinarlos.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 13 de octubre de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).