Hay unos cuantos días cada año en los que el tiempo no es un hecho objetivo ni la temperatura un valor rotundo. Es, más bien, una decisión personal, el clima de Schrödinger: hace bueno y malo a la vez. Lo curioso es que solo depende de tu voluntad, eres tú el que opta por situarse en el frescor del otoño que llega o en el calor del verano que no se va. Más concretamente, eres tú el que decide que la misma temperatura con la que en julio no podías dormir, ahora te pida una rebequita por encima de los hombros. El termómetro, la cifra aséptica, es lo de menos. Y es lo lógico en la época de la posverdad. Los hechos objetivos ya no interesan a nadie, y ¿acaso hay algo más objetivo que el mercurio, subiendo y bajando en ese rally de balcón como un chicharro del Ibex 35? El mercurio y el amor están lleno de interpretaciones.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 19 de octubre de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).