
La realidad es que Robe habría escupido a la cara a la mitad de los que hoy le lloran. De la otra mitad simplemente se reiría. Y con razón, porque el tipo no fue ese poeta pastoril que hoy nos venden, una especie de Arcipreste de Hita pasado por Bukowski, la musa lírica del mainstream y la sensibilidad femenina, sino exactamente lo contrario, es decir, un personaje marginal, un habitante de los arrabales y un carisma gigantesco tirado en una cuneta, entre vómitos, jeringuillas y una Gibson SG con una cuerda rota. Robe fue el antihéroe de nuestra juventud. Hasta él estábamos acostumbrados a estrellas del rock con posturas arrogantes, chupas de cuero, gafas de sol y las actitudes retadoras de los que miraban al mundo desafiándolo. Pero llegó El Robe, desde Plasencia, y llenó el rock con la vida en los márgenes, la derrota cruda y el fatalismo perdedor del mundo rural, lleno de droga, paro y miseria.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 14 de diciembre de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).