
La Transición supuso, por encima de todo, un ejercicio civilizatorio. Si algo hay que agradecer a aquella generación política es su renuncia a la revancha y su permanente esfuerzo didáctico. La experiencia democrática no existía, por lo que no era necesario solo hacer política sino, además, explicarla y mostrar los principios sobre los que se asienta una democracia. Eso caló de arriba abajo y durante un tiempo parecimos un país más o menos civilizado. Pero, lamentablemente, es historia. Aquel ejercicio de educación que nacía de la élite ha invertido la dirección y el sentido y hoy es el pueblo, liderado por la generación más mediocre de la historia, el que exige a los políticos sangre, como pirañas sedientas. Y los políticos, en vez de liderar, obedecen. Exactamente así funciona el populismo.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 15 de diciembre de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).