
Mi verdadera aspiración no es otra que esta: vivir eternamente el invierno de la burguesía ilustrada, entre conciertos, libros, museos y una cantidad indeterminada, pero suficiente, de euros. En realidad, a lo que aspiro es a hacer lo mismo en agosto que en enero. Que es más bien poco. Pero para eso necesitamos un orden, es decir, hacer lo poco que hagamos mientras el resto del mundo hace lo que tiene que hacer y la vida sigue con su cotidianeidad adorable y la dicha civilizatoria del horario de invierno.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 4 de enero de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).