
La legítima satisfacción que cualquier demócrata siente al ver caer a Maduro ha de ser acompañada con una preocupación de idéntica intensidad al ver tambalearse la legalidad internacional, es decir, los pilares de la civilización. No se puede ser demócrata si falla una de las dos pulsiones. Porque si todo vale para acabar con un enemigo, algunos están a un paso de legitimar que se le intente asesinar. Aunque aquel disparo, finalmente, tan solo le rozara una oreja.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 5 de enero de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).