
Acostumbrados a las sesiones de control, la comparecencia de Albares hizo que el hemiciclo pareciera la Escuela de Atenas, pero con Rufián orinando en una esquina y Patxi en la otra. Hasta Agustín Santos, de Sumar, hizo un discurso interesante, por encima del nivel subterráneo al que acostumbran. La realidad es que hasta Albares hizo un discurso aceptable, con matices. El problema no fue tanto lo que dijo como lo que no dijo. En cuanto a lo que dijo, una acertada defensa de la legalidad internacional, del multilateralismo, de la democracia liberal -aunque lo de ‘liberal’ se le olvidó- y de la UE. Oportuna también la crítica a la extrema derecha como factor desestabilizador. El problema es que se le olvidó alertar del totalitarismo de izquierdas con el que su gobierno mantiene una relación fluida. En este sentido, destacamos comentarios preocupantes. Por ejemplo, aseguró Albares que el gobierno «nunca reconoció los resultados de las elecciones presidenciales de junio de 2024». Claro, ese es el problema. Que no los han reconocido y que, pese al mandato expreso del Congreso, siguen sin reconocer a Edmundo González como presidente legítimo de Venezuela. Que asuma esto en la tribuna de oradores es un escándalo. Igual que afirmar que el papel de España es «tender puentes y unir a gobierno y oposición» en lugar de comprender que el único papel de España debe ser ayudar a terminar con la dictadura y que el pueblo venezolano tenga el gobierno que soberanamente ha elegido. Informó, de paso, que Sánchez ha hablado con «la presidenta encargada Delcy Rodríguez», sin informar de qué, para qué ni qué compromisos ha adquirido con una delincuente que, por supuesto, no es la ‘presidenta encargada’ de nada, sino una criminal.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 16 de diciembre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).