Miro la cara de Xabi y sé lo que siente. Cuando has de imponerte a personas tan poco educadas, tan poco formadas y tan mal construidas solo hay dos opciones. La primera es cogerlos por la pechera, obligarlos a dar la mano a los jugadores del Barcelona, con una colleja a lo Luis Aragonés si hiciera falta y, ya en el vestuario, entrar tirando al suelo hasta las pantallas, arrinconarlos uno a uno contra las taquillas, estamparles la cara contra el escudo del Real Madrid y obligarlos a besarlo para que no olviden jamás a quién representan. Y después de eso enfrentar a los cabecillas con una foto de su papá y de su mamá, para que sean conscientes de la vergüenza que han debido de sentir al descubrir que sus hijos son tan solo unos macarras con comportamientos marginales. Y, por supuesto, dejarlos sin jugar, ponerlos a la venta y encargarse de que todos los clubes del mundo tomen consciencia de su escasa calidad humana.

La otra opción es hacer lo que hizo. Que es lo que hay que hacer.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 18 de diciembre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).