
No sabemos si el ICE es la Gestapo, el Ku Klux Klan o las camisas pardas de las SA. Puede que solamente una cuadrilla de matones recogidos del fondo del cubo de la ‘white trash’ para ejecutar públicamente y a plena luz del día a los individuos que ellos elijan, ya sean mayores o menores, americanos o extranjeros, legales o ilegales. Lo que sí que tenemos claro es a quién sirven. Y no es a la ley ni al pueblo del que emana sino a Trump, cuya aprobación apenas supera el 30 por ciento. Pese a lo que pueda parecer en España, siempre ensimismada, Trump está fracasando: su pueblo no lo apoya, la inflación sigue desbocada y su mayor problema no es la política exterior –un señuelo– sino la posibilidad nada descabellada de una guerra civil. «Un tonto arruina a un pueblo», decía mi abuela. Y es posible que este, que quería dominar el mundo y reescribir las reglas de la diplomacia, lo máximo que consiga sea romper su propio país y acabar en el vertedero de la historia. Porque la inmensa mayoría de los estadounidenses no están dispuestos a convertirse en un agujero donde el poder ejecute personas arbitrariamente en las calles, como los talibanes en Afganistán, los ayatolás en Irán o su protegida chavista en Venezuela.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 26 de enero de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).