
Hace cincuenta años, el hombre que nunca quiso ser de ninguna parte ganaba el Premio Nadal escribiendo contra su infancia. Se llamaba Francisco Umbral y había pasado por Valladolid como se pasa por una estación fría: con prisa, resentimiento y un deseo de huir que trascendía lo simbólico para llegar a lo físico. Por eso ‘Las ninfas’, obra con la que lo ganó, no era solo una novela escrita contra la provincia, sino –y esto es lo decisivo– desde la provincia. Puede que por eso mismo resultara tan verdadera. A Umbral le gustaba decir que había nacido en Madrid por casualidad y en Valladolid por condena; que lo suyo no era Castilla, sino la literatura. Pero todos sabemos que la materia prima no se elige como no se elige un gen recesivo. Sin aquella Valladolid de monjas, cafés tristes y muchachos con hambre de mundo, el hombre nunca habría llegado a ser escritor. Y sin El Norte Paco nunca habría sido Umbral.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 30 de enero de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).