Andan PP y Vox a la gresca en redes sociales, como si estuvieran en una convención de ‘influencers’ terraplanistas o, peor aún, en una de esas asambleas de extrema izquierda, con sus facciones, su rencor de clases y sus piolets. De Vox no nos sorprende: su etiqueta en redes siempre ha rozado la marginalidad. Pero del PP, sí. Un partido de estado -aunque empezamos a dudarlo- no es un grupillo de raperos lanzando ‘beef’. Más tarde hemos visto que Azcón ha invitado a Vito Quiles a su cierre de campaña. Quiles fue candidato a las elecciones europeas por otro partido, el de Alvise. Partido que se presenta también en Aragón. Y ahí lo hemos comprendido todo: el nivel de pánico que se intuye es enorme. Ya se percibe un Extremadura II, es decir, un adelanto electoral ideado para lanzar al PP y frenar a Vox que, probablemente, solo logrará disparar a Vox y frenar al PP. Pero se percibe también una pérdida de orientación en la elección de las compañías, algo que debilita la autoridad de la dirección y que transmite una enorme frivolidad al tratar de normalizar por la vía de los hechos comportamientos del todo disonantes con lo que el PP es y representa. Y que, por supuesto, causa perplejidad y rechazo en las bases al comprobar que las personas que hay al mando unen las siglas a cualquier cosa que dicho invitado pueda hacer o decir en un futuro.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 7 febrero de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).