
Acostumbrados a lo que ustedes ya conocen parece fácil de comprender que una sesión así sea un pequeño oasis en el desierto, un día de sol entre borrasca y borrasca, una especie de ‘shock’ de institucionalidad en el circo con tres pistas en el que han convertido España. El ambiente era el de las grandes ocasiones: gradas repletas, presencia de todas las instituciones del estado e invitados de honor de aquellas primeras Cortes, entre ellos, Tamames, Roca o Martín Villa. En la tribuna de autoridades, Aznar, Ana Palacio, García Page, Batet, Andel Gil, María Luisa Segoviano, Carmen Calvo o Trillo, junto a representantes de la patronal y del ejército, todos mirando fijamente a las camisetas de los diputados de Podemos, intentando leer lo que ponía. Que, por cierto, era: «¿Y cumplirla, pa’ cuándo?». Especialmente emotiva la escena de Felipe González entrando al hemiciclo del brazo de Herrero de Miñón —agarraditos los dos, espumas y terciopelo—, ante la frialdad del Grupo Socialista del Congreso y del Senado.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 17 febrero de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).