Pero había testigos. Que somos nosotros. Y las estudiantes, que en ese momento desfilaban y abandonaban el hemiciclo abochornadas por el espectáculo de las barras bravas. También lo hizo Feijóo, supongo que movido por una íntima vergüenza por ver cómo ha degenerado su grupo. Sánchez no pudo hacerlo porque ni siquiera fue: ha encontrado una nueva manera de hacerse el sueco que es hacerse el indio. Ni Abascal, que apareció durante noventa segundos, dando por terminada su ineludible gira internacional que le obligó a plantar al Rey y despreciar a la Constitución y a la Corona. Desde luego, un par de sesiones más como esta y Vox va a empezar a ir al Congreso con palomitas y una gorrita MAGA para recoger los frutos del esfuerzo ingente de los principales partidos por promover la antipolítica y darles el poder. Por último, me fui yo, profundamente preocupado por cómo contarles lo sucedido sin escribir la palabra fracaso.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 18 febrero de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).