
Me dio por pensar entonces en su visión acerca de las elecciones de Castilla y León: dos millones y medio de personas ordeñando ovejas y hablando del precio de los fertilizantes en el teleclub. Y los que no estamos con las ovejas es porque estamos con las vacas, con los cerdos o incluso con las cabras, todos con nuestro mono azul, nuestra cachaba y el gorro de paja de aquel torneo de Pádel de 2012. Y de los fertilizantes hablan los hombres, por supuesto, porque las mujeres, calladas y arrugadas por los vientos del páramo, tejen bragas de esparto, van a rezar el Rosario enfrascadas en su riguroso luto y, con sus ánforas de barro cocido, van solícitas a por agua a la fuente. Por supuesto, cantando jotas. No sin antes lavar en el arroyo las ropas de los hombres con cuidado de que no se las vean las enaguas. Luego, a la entrada del frontón, todos juntos hablamos de los nitratos, del abono y del precio del gasoil industrial mientras entonamos madrigales. Y los fines de semana los hombres jugamos al dominó, al tute subastado y a la petanca mientras ellas, vestidas con trajes regionales, remiendan pantalones.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 13 marzo de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).