
Le llamaba la atención que, en lugar de jubilarlos, los quisiéramos, los reivindicáramos y quisiéramos estar con ellos. Me consta que esta reflexión y esa sensación de sorpresa es compartida por otros. Quizá por eso acuden a la llamada. La última vez que Raúl salió de Madrid –que fue también la primera desde que falleciera Natalia– fue para recibir el Romero Murube, donde brilló. Sentado en medio de la hemeroteca de ABC, como un niño perdido, respondía a las miradas de ‘control’ con una sonrisa cómplice y hospitalaria, como las guiris en el metro.
No sé si cuando yo sea viejo habrá alguien que quiera comer conmigo, que me pida consejo o que se haya leído todas mis columnas, como nosotros hemos hecho con nuestros mayores, con nuestros maestros. Pero espero acordarme siempre de cómo nos trataron a nosotros para mantener con la mayor dignidad posible esa línea invisible que nos une con la tradición como el suelo al trampolín.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 15 marzo de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).