Como cada mañana a las 7:27, unas seiscientas personas cogían un tren en la estación de Valladolid-Campo Grande con destino a Madrid-Chamartín. Se trata de un trayecto con una duración de una hora que, en esta ocasión, se convirtió en dos horas y tres cuartos. Así que, en lugar de a las 8:30, como estaba previsto, el tren hacía su entrada triunfal en la vía 22 de Chamartín sobre las 10:15 de la mañana, con una temperatura agradable en el exterior y unos inusitados niveles de desesperación en los vagones. Aunque resulte contraintuitivo, la desesperación real no viene con gritos, golpes de pecho ni exabruptos, como sucede en las películas; muy al contrario, el hartazgo llega en silencio, con la vulgaridad de los sonidos cotidianos y una calma cínica y aterradora. De esas dos horas y tres cuartos, una hora y tres cuartos la pasamos encerrados en un tren que decidió pararse a apenas doscientos metros de la estación de Segovia-Guiomar. Cabe apuntar que una hora y tres cuartos es lo que dura un partido de fútbol con el descanso incluido, tiempo insoportable cuando no puedes hacer nada y durante el cual la única información que recibimos fue que «todos los trenes de España que llegan o salen de Chamartín o de Atocha están parados y no tenemos previsión de que vuelvana arrancar». Los móviles ya ardían con mensajes de amigos esperando a los trenes posteriores y atrapados en las estaciones, donde los trabajadores de Adif comenzaban a recomendarles que volvieran a su casa ante la imposibilidad de dar mejores noticias. No tengo ni idea de cuánta gente ha podido estar parada en las estaciones y en las vías durante ese tiempo. Pero tengo claro que, en su gran mayoría, son trabajadores que hoy han tenido que ponerse colorados para justificar ante su jefe que, de nuevo, no han podido estar en su puesto de trabajo porque así es la vida.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 19 de marzo de 2026, día de San José. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).