Hola Nickie. Esta noche ha llegado a España la primavera. Lo ha hecho a las 00.07, como la segunda botella de champán en Nochevieja y la alarma de la pastilla del colesterol. Pero, de alguna manera, todavía no ha llegado. Porque la primavera en España no es un fenómeno atmosférico ni astronómico sinomitológico; no depende del lugar relativo de la Tierra con respecto al sol sino del lugar relativo del sol respecto a España. Y, sobre todo, del lugar relativo del español con respecto al resto de españoles. Porque ese es el verdadero leit-motiv: la primavera nos hace salir del caparazón, de la cueva afectiva en la que hemos pasado el invierno para comenzar a relacionarnos de nuevo ‘outdoor’, como dices tú. Pero todo eso no sucede hasta que llega la buena temperatura, es decir, hasta que la primavera es primavera y no esta estafa administrativa.  Y precisamente de esto quería yo hablarte, querido Nickie. No sé si en Sheffield tendréis primavera, yo diría que no. En Sheffield no hay primavera como no hay niñas enamoradas de soldados ni poetas que miran la Alhambra desde el Albaicín. En Sheffield debe de ser siempre otoño y las hojas se han de caer cada tarde de los árboles en un remolino de sonidos industriales.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 21 de marzo de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).