Vox surfeando el tsunami

La buena noticia para los políticos es que cuando la ola viene a favor, da igual lo que hagas; la mala es que cuando viene en contra, también. Hay momentos en los que todo encaja, los acontecimientos se conjuran en tu favor y los lunes llegan plácidos como los de un delantero en racha: tus puntos fuertes encajan con las oportunidades, los acontecimientos acentúan las debilidades del rival y las encuestas te hacen vivir en una luna de miel con el electorado. Se llama ‘momentum’ y es el impulso de un partido para conectar con el espíritu del momento, ese ‘zeitgeist’ del que hablaba Hegel. Cuando eso sucede muchos se arrogan las claves del éxito, pero, en realidad, el éxito no tiene padre y habría dado lo mismo hacer lo contrario porque el resultado habría sido el mismo, como esas mujeres que ya se despiertan con los ojos grandes y les sirve una coleta y una camiseta blanca para resultar elegantes. Un ejemplo es Vox, que durante un tiempo pudo defender una cosa y su contrario y le iba bien: le votaban militares monárquicos y anti-Borbones por la tercera república; falangistas nacionalsindicalistas y anarcocapitalistas contra el Estado; empresarios en busca de rebajas fiscales y obreros en busca de ayudas y viviendas de protección oficial. Y daba igual porque todos los descontentos confluían en ellos. Pero un día todo se da la vuelta y empieza a dar igual lo que digas porque ha dejado de funcionar. 

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 23 de marzo de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).