El próximo plan contra el suicidio debería llamarse Plan Nacional Noelia Castillo. No solo como homenaje y como acto de expiación colectiva sino también como faro, como línea de luces que marque el límite de la civilización, frontera ampliamente rebasada en estos días. Nos contaron en su momento que la eutanasia era un recurso para no alargar innecesariamente el sufrimiento de personas con enfermedades terminales y por motivos médicos, algo con lo que, con matices y controles, puedo estar de acuerdo. Pero nadie nos explicó que esa ley iba a habilitar al Estado para acabar con la vida de una persona sana y joven –con independencia de que su vida haya sido triste y terrible– y por motivos personales y no médicos. Se hace, además, aceptando que sufre un trastorno límite de la personalidad, uno de cuyos síntomas es, precisamente, la tendencia suicida. Facilitar el suicidio de una persona con una enfermedad cuyo síntoma es la tendencia suicida es como legalizar las armas en la casa de una persona con tendencia homicida. Pero es que, además, cooperar con el suicidio de una persona es un delito. Y si esa persona padece un trastorno mental, al delito se le suma un agravante, como dar ginebra a un alcohólico o al llevar al casino a un ludópata.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 28 de marzo de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).