Desfundación Villalar

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En la lista que estoy haciendo con las peores ideas de todos los tiempos, cerrar la Fundación Villalar se encuentra justo después de comprarme un video Beta. Es algo fascinante intentar entender cómo algún intelecto puede haber llegado a la conclusión de que la mejor manera de preparar el V centenario de la batalla de Villalar sea precisamente cerrar la fundación que lleva su nombre. El encargado está siendo el presidente de las Cortes, Luis Fuentes, a quien no le reprocharé tanto el fondo como la forma. Entiéndaseme bien; como veremos, no estoy de acuerdo con el fondo en absoluto, pero entiendo que es algo opinable. Sin embargo, la forma está siendo tan obscena, tan apasionada, tan sobreactuada y tan escasa de contención que resulta descorazonador. Una cosa es que te toque el marrón de cerrar una fundación de la cual eres presidente y otra tomarte tan en serio el encargo que llegue a parecer que disfrutas con la coprofagia. Sería tan sencillo como ponerse de lado, con perfil bajo, tomarlo como un acto cuasi administrativo despojado de carga ideológica y proceder al cierre dando las gracias a quienes han trabajado en ello -encomiable el trabajo en estos años de Juan Zapatero- y asumiendo sus fines en otras instancias de la administración regional, no sin antes librar una importante batalla interna y defenderla con uñas y dientes; a poca inteligencia política que uno tenga, parece evidente que la Fundación habría sido un caramelo para Fuentes: una fecha clave, un aniversario trascendental, un protagonismo histórico, un foco institucional a nivel nacional, una oportunidad personal de construirse a la altura del cargo que ocupa y que no solo le habría puesto en primer plano, sino que, de modo colateral, habría puesto a su disposición un presupuesto sin pasar por Igea. Pero no; al presidente de las Cortes no solo le meten un gol por toda la escuadra: también le hacen fingir que está encantado. Y lo peor es que quizá ni se haya enterado.

El fondo del asunto al que me refería no es baladí y es que el sentimiento regional, en nuestro caso, no es folklore. Esto no va de clarete y bocadillo de panceta con el sonido de las dulzainas al fondo. El sentimiento castellano y leonés es un modo de estar en el mundo, un orgullo histórico que todos los niños de esta comunidad deberían tener, no para parecernos a esos nacionalistas ridículos sino justamente como vacuna para no ser como ellos. Nuestros valores son el humanismo y la universalidad de una cultura y un idioma y eso es incompatible no solo con el nacionalismo de contenedor quemado sino con regionalismos de boina y chorizo frito y con populismos cafres a derecha e izquierda. Una vez más, demostramos que no nos enteramos de nada. No es algo reprochable solo a Ciudadanos. El silencio del PP está siendo bochornoso y de UPL, VOX y Podemos mejor no hablamos. Solo Tudanca, en este asunto, está donde tiene que estar y, ante el vacío que la Fundación deja, surge una oportunidad para que alguien recoja el testigo en ese liderazgo por conservar y proteger el orgullo de un legado ahora huérfano. Veremos que sucede, pero a Valladolid -es decir, a Puente- le están poniendo a huevo capitalizar en solitario el protagonismo de la historia. A ver si se atreve.

(Esta columna fue publicada originalmente el 29 de octubre de 2019 en El Norte de Castilla. Click aquí).

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