Julio Camba decía que la primera columna lo es todo y que después ya puedes vivir de las rentas. Me gusta el planteamiento, un sprint memorable que acabe en la cama y a dormir la siesta en los laureles de la buena reputación. O mejor en los de la mala, que son más largos. El primer texto que el gallego firmó en ABC se titula ‘Mi nombre es Camba’ y en él pide que no lo tomen «ni demasiado en serio ni demasiado en broma». Lo recordaba Gistau, que tituló su primera columna en ABC ‘Mi nombre etcétera’, en una referencia circular a Camba que se retroalimenta, como si estuviera viendo el envite y envidando más. He pensado seguir la línea de ambos y echar un órdago integrando ‘Mi nombre es Camba’ y ‘Mi nombre etcétera’ en ‘Peláez etcétera’ o, directamente, ‘Yo no me llamo Javier’, que diría Pablo Carbonell y que, por otra parte, no deja de ser escrupulosamente cierto.

He leído también las primeras columnas en ABC de González Ruano, de Wenceslao o de Azorín, buscando un patrón a través del cual quitarme el sombrero ante ustedes, pero luego pensé que, aunque solo hay una primera columna, provisionalmente todas son la última. Y así llegué a ‘La costumbre’, con la que se despidió Ruano: «Voy creyendo que todo reside en la costumbre. Y que, muchas veces, la muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir». Entregó la columna y falleció haciendo aquella aterradora anotación en su diario: «El terror es blanco. La soledad es blanca». 

Mi aspiración no es escribir por las rentas sino escribir hasta el final, de modo que mi última columna en ABC sea mi obituario. Ya lo tengo escrito y se lo he entregado a mi notario, al que también he pedido que envíe la mitad de mis cenizas a la Agencia Tributaria junto al epitafio: «Descansad en paz».

El valor de un diario no se mide por el número de lectores ni por la calidad de sus columnas sino por la dignidad de sus esquelas. Así, lo importante quizá no sea junto a quién vives sino con quién compartes tu página final, ese abrazo a un desconocido que se convertirá en eterno. Entrego hoy mi primera columna, pero no olvido que también habrá una última. Espero que sea la esquela. También la esperanza es blanca.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 15 de marzo de 2021. Primera columna en ABC. Disponible haciendo clic aquí)