Que Sánchez acuse a Ayuso de narcisismo es como si la Reina de Inglaterra saliera al balcón de Buckingham Palace para reprochar públicamente a Messi su frialdad. O peor, como si la propia Lilibeth se ofreciera como ‘coach’ para que el argentino paliara su falta de conexión con el pueblo: «Míreme a mi, Lionel. Sonría con pasión, muévase en el filo, viva usted al límite». 

La acusación ha resultado mágica, satírica, una especie de ‘performance’ a través de la cual su terapeuta de cabecera -probablemente el mismo Redondo, pero disfrazado de Evita- buscara una especie de catarsis conductista que le pusiera frente a sus fantasmas, aunque cuando un narcisista se enfrenta a su mayor fantasma suele terminar ahogado, buscándose a sí mismo en el fango del Manzanares.

El lema de los Windsor es ‘Dieu et mon droit’ que traducido al sanchismo vendría a ser algo así como ‘Yo y mis espejos’. Uno ya no sabe si el presidente se ríe de todos o si realmente es así. Bien pensado, no se me ocurre nada más narcisista que ofrecerse como vacuna contra el narcisismo, algo así como el campeonato del mundo de gente humilde, que, supongo, siempre quedará desierto. La olimpiada del narcisismo, en cambio, se debería jugar en el salón de los Espejos de Versalles, disfrazados todos de Luis XIV menos Luis XIV, que iría disfrazado de Pedro.

El último problema de los Windsor se llama Meghan Markle, a la que sus propios hermanos han acusado -claro- de narcisismo. «Se cansó de aparecer como la mala y comenzó a jugar a ser víctima». Que Harry se ha equivocado lo sabemos todos los que nos hemos enamorado de la sonrisa equivocada. El mundo está lleno de ‘Meghans’, pero Familia Real de Inglaterra solo hay una. Sospecho que Pedro tampoco se ha enterado y está haciéndose a la vez un Harry y un Markle. Desde luego la táctica es la misma, porque un narcisista siempre simula ser víctima, preferiblemente de alguien llamado Isabel. 

Si esta semana hemos visto cómo aplaudían la eutanasia los mismos que el día antes se mostraban consternados por el suicidio, mucho me temo que no tardaremos en ver nacer la Asociación de Víctimas de Narcisos por la Humildad. La podría presidir Harry. De gerente, tiene pinta que Gabilondo.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 22 de marzo de 2020. Disponible haciendo clic aquí)