La gente que piensa raro, piensa raro todo el tiempo. El ‘killer’ lo es ‘full time’, no se puede ser ambicioso y frío de ocho a tres y volverse un conformista bonachón al salir del trabajo. Por eso, a la gente normal nos cuesta ponernos en la cabeza de personalidades como la de Sánchez, porque lo ven todo desde otro punto de vista, con menos niebla, como un cazador que sigue nítida la presa con su mirada-túnel. Y lo hacen sin descanso. El obsesivo y el sublime lo son sin interrupción.

Quizá por eso, puede que esta noche, mientras Génova celebra y España piensa en Sánchez como el gran perdedor de unas elecciones que él planteó en clave nacional, las cosas estén en realidad exactamente donde él quería. Es posible que el presidente se vaya a dormir hoy, por fin, tranquilo, sin Iglesias en sus pesadillas y tachando su cara del álbum de rivales que tiene en la mesilla desde que le echaron de Ferraz. O, dicho de otro modo, pese a lo que pueda parecer en una primera lectura precipitada, no podemos descartar en absoluto que el verdadero objetivo con el que Sánchez ha encarado estas elecciones sea deshacerse definitivamente de Iglesias, que es su principal rival en el segmento, como si la política fuera la compra de un Opel Vectra. Para librarse de Iglesias, Sánchez necesitaba que Gabilondo fracasara. Y a fe que lo ha intentado con todos los medios que tenía disponibles en una campaña premeditadamente catastrófica. Cualquier otro resultado habría sido percibido como un éxito personal de Iglesias y lo que Sánchez necesitaba es un fracaso rotundo de su rival y empaquetárselo a Roures para no volver a verlo jamás. Muerto Podemos y Ciudadanos, Sánchez tiene capacidad de expandirse hacia ambos lados de su espectro, como un gas, lo que supone la verdadera clave para su supervivencia. Porque a Sánchez le daba igual Illa, Cataluña, Galicia, Murcia, el ridículo de la moción de Castilla y León, le da igual Madrid, Gabilondo y, resumiendo, le dan igual todas las derrotas parciales que sufra el PSOE porque, para él, son solo batallas tácticas para mantenerse en La Moncloa con la amenaza de la extrema derecha hecha por fin realidad para poder agitarla día y noche. Él utiliza al PSOE para sus fines. El partido para él es un mero instrumento a su disposición. 

Las voces críticas del PSOE han de salir del armario sin dilación, esta misma noche. Si las bases y los barones quieren salvar el partido y no condenarlo a una larguísima travesía en el desierto tras solo un año y medio en el poder, tienen que frenar a Sánchez, someterle a controles, ponerle límites y marcarle unos imperativos -al menos éticos- que puedan salvar el mismísimo estado de derecho, hoy en riesgo. Por ello, antes de que podamos asimilar lo de esta noche, tendremos una crisis de gobierno que cambie el foco mediático e intente revertir el rebufo de ilusión que trae consigo el éxito arrollador de Ayuso. Es posible que caiga Marlaska y puede que alguno más. Quizá Tezanos. Incluso no se puede descartar que el propio aparato, en el caso de existir, pida la cabeza de Iván Redondo en una bandeja de plata, como Salomé, para intentar calmar las cosas internamente y sofocar las revueltas dando más peso a Calvo y Ábalos. Estamos a punto de descubrir que sanchismo era solo una rama menor de la literatura fantástica.

(Esta columna se publicó originalmente en abc.es la noche del 4 de mayo de 2021. Disponible haciendo clic aquí).