Les confieso que estoy deseando escuchar a Tamames en la tribuna de oradores. Es probable que no esté de acuerdo con él –al contrario que Vox, yo no tengo nada que ver con esa cosmovisión de excomunista converso– pero, aún así, estoy convencido de que va a ser la mejor intervención parlamentaria que vamos a escuchar en España en los últimos veinte años. No lo tiene difícil, vale, pero es que presiento que va a ser algo antológico, un toque de atención histórico a la izquierda tontita por parte de la izquierda seria, que estaba igual de equivocada, pero que, al menos, había leído. Y que a gente como Patxi le habrían puesto a llevar los cafés. Lo bueno de Patxi es que ha hecho de Héctor Gómez un pensador. Y lo bueno de Tamames es que va a hacer de Sánchez un soneto de Quevedo. Es probable que el presidente no llegue a entender nada de lo que Tamames diga, como yo cuando mi hija me dice que está ‘de chill’. Pero los ciudadanos sí, ellos entienden y sobre todo intuyen las diferencias de fondo entre un discurso consistente y una tontería engolada de nuestro Chicho Terremoto de Tetuán.

Una cosa es el mal uso que Vox hace de la herramienta y otra que esta no vaya a traer nada bueno. Una cosa es el desprestigio al que Vox somete a las instituciones –una moción de censura no es una oportunidad anual para el marketing– y otra despreciar sus efectos. La moción es un error, pero no es cierto que no vaya a servir para nada. Decía Unamuno que «las cosas se hicieron primero, su para qué después. Que me den una idea nueva, cualquiera, sobre cualquier cosa, y ella me dirá para qué sirve». Y leo en una entrevista que Tamames, en el caso de que la moción prosperara, cree necesario empezar por un pacto constitucional –entiendo que centrado en lo institucional– y unos nuevos pactos de la Moncloa en temas, sobre todo, económicos. Es decir, que ve necesarios grandes acuerdos transversales de estado. Vamos, otro moderadito, otro vendido al PSOE, otro blandito que rehúye la lucha, otro que no ha entendido que el PSOE es una organización criminal con la que es imposible llegar a ningún tipo de acuerdo, bla bla bla. Le asoma su pasado centrista del CDS. Qué decepción van a sentir algunos.

Y como, además, Tamames es un tipo serio y supongo que no va a entrar en jueguecitos de ‘alt-right’, ni en negacionismos climáticos, ni en charlotadas contra el feminismo o la inmigración, ni va a sacar a pasear el islam, ni va a pisar el charco de la ideología de género, ni de la identidad sexual, ni es euroescéptico, ni va a perder un segundo en lo del latido fetal, ni en criticar al Papa, ni contentará a los pro-Putin, ni va a querer proteger las placas franquistas, ni va a hablar del Valle de los Caídos, ni del derecho a portar armas, ni va a gastar tiempo con la Agenda 2030, al final, me temo que, de modo implícito, lo de Tamames no será solo una moción de censura contra Sánchez sino, también, contra el programa de Vox. Una moción para censurarlos a todos. Vamos, un regalito para Feijóo.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 27 de febrero de 2023. Disponible haciendo clic aquí).

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