
(A Luis Alberto de Cuenca)
El frío de esta tierra no tiene nada de literario. Este es un frío descorazonador, cruel y salvaje, como el de las Grandes Llanuras de ‘1883’, esa obra maestra que engarza, a la vez, con el Éxodo, con la Reconquista y con los Pioneros americanos. Aunque, en realidad, las tres historias son la misma, la de unos hombres con algunos sueños, mucho miedo y una promesa. El frío de los tres desiertos, el del Sin, el del Llano Estacado y el de la ‘terrible estepa castellana’, que diría Machado –el bueno, Manuel–, vertebran un esqueleto argumental y una personalidad fronteriza, impura y violenta. Hay otros fríos, es verdad, fríos de chichinabo y de herejía luterana. Y también hay fríos costeros, fríos montañosos e incluso fríos en forma de temporales que llegan dando el cante con nombres de mujeres tontas.
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 1 enero de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).