
Yo siento afecto por mi familia, por mis amigos y por Lucas Vázquez. También por mi gata, bellísima, aunque potencialmente asesina, en la línea de Uma Thurman en ‘Kill Bill’. Una verdadera hija de puta. Siento también cositas por Curro, por Guti y por Alex Turner, el de los Arctic Monkeys. Pero, qué quieren que les diga, al contrario que la izquierda, yo no siento nada por ningún político. Es posible que me haya convertido en una bestia, en una criatura repugnante, en una abominación lovecraftiana, que diría Luis Alberto de Cuenca. Y ya que estamos confieso que tampoco sé qué es la ‘democracia de los afectos’. A mí me gusta la democracia de toda la vida, la del imperio de la ley y la separación de poderes, una democracia convencional como de registrador de la propiedad. Pero si ya resulta complicado mantener relaciones sentimentales con las personas imagínese con los conceptos. Me cuesta sentir cosas por los sustantivos, por los adverbios, incluso en sus variantes prosopopéyicas. Pero grito, con Salinas: ¡Qué alegría más grande vivir en los pronombres!
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 27 de abril de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).