El último congreso federal del PSOE convirtió la Feria de Valencia en Petrogrado. Lo recuerdo bien porque lo cubrí y posiblemente aún no me haya recuperado de aquello, no he conseguido que se me vaya de la cabeza ese ambiente tenso, frío y distante, que en lugar de un foro político parecía la convención anual de una multinacional de electrodomésticos norcoreana, con sus directivos aterrados, sus mandos intermedios ocultando los puñales y la tropa soñando en el momento de volver a casa con algo de merchandising y una foto con Pedro. Si un congreso del PP tiene algo de festivo, con sus paellas, sus plazas de toros y sus pasodobles, los congresos del partido sanchista son lo opuesto: profesionales hasta el extremo, con una señalética perfecta, la imagen cuidada al milímetro y una organización merecedora de un Oscar a mejor guión adaptado. Eso en lo externo, porque si escarbas encontrarás que por dentro todo es aséptico, como si alguien hubiera pulverizado gel desinfectante por encima de las cabezas convirtiendo la ‘Fira’ en una sala de espera llena de extras que aplauden y con el olor a purga que trae el viento de la sierra.

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 2 de septiembre de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).