Dicen Camacho y Cuartango que soy de su generación. Es curioso porque me sacan veinte años, pero sé a lo que se refieren. Las claves con las que forjamos una opinión, los principios irrenunciables y las fobias innegociables son similares, como también lo es una especie de lugar en el mundo. Tenemos mucho más que ver con la generación que nos precede que con la que nos sigue. Y es lógico porque hemos formado una mirada leyéndolos a ellos. Leer prensa y escuchar radio es más importante de lo que parece, sobre todo a esas edades en las que se está forjando una identidad, una cosmovisión y una cierta sensación de pertenencia. Y yo, antes que a cualquier otra cosa, me reconozco en los valores de la Ilustración: la razón, la cultura, la ciencia, la libertad, la igualdad, el progreso, la separación Iglesia-estado, la educación como medio para formar ciudadanos libres y racionales, la tolerancia, el pluralismo y el compromiso con la democracia. Exactamente esos valores son los que he vivido en mi casa, con unos padres defensores de la Transición, del reencuentro entre españoles y de una Constitución, que, por cierto, promulga varios de esos valores como superiores.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 10 de octubre de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).