Hay libros que llegan como quien llama a la puerta en mitad de una discusión, te agarra de las solapas y te recuerda lo esencial. ‘Forjadores de libertad’ (Sílex Universidad), de Enrique Berzal, es uno de ellos. En un momento en el que media España habla del franquismo sin haber leído una sola palabra sobre él y la otra media discute la Transición como si fuese una serie de Netflix, este libro devuelve la historia a su sitio, a la tierra, al polvo de las fábricas, al murmullo de las parroquias, al eco de los talleres y a la respiración de un país que aprendía cómo ser libre sin un manual de instrucciones. Quizá lo más revelador del libro es lo que ya intuíamos, pero no siempre nos atrevemos a decir: que la democracia española no la construyó un solo bando. Ni las élites solas, ni el pueblo solo; ni los aperturistas del Régimen en soledad, ni la resistencia entendida como una mitología heroica. La Transición fue un pulso en el que todas las partes cedieron, todas retrocedieron un paso y todas, a su manera, empujaron hacia adelante. Y es ese cruce de caminos entre las tensiones, los miedos y las convicciones lo que explica por qué los españoles dejaron atrás, por primera vez en mucho tiempo, su incansable afición a matarse entre sí.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 12 de diciembre de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).