Esa fue la última muerte de Unamuno, la del silencio y el aprendizaje perdido. Y es la más preocupante. Estamos donde estamos porque no escuchamos a quienes hoy, como ayer, advierten del precio que se paga cuando la política se entrega al fanatismo, la razón se convierte en estorbo y la libertad en sospecha. Unamuno no murió solo una vez. Su segunda muerte -el posible asesinato- no sería tan grave como la tercera y definitiva, que no es otra que la constatación diaria y desquiciante de que casi un siglo después no hemos aprendido absolutamente nada.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 1 febrero de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).