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Carta de amor y de pena a Valladolid (I)

Imagino ahora cómo deben sentirse los hijos de una madre destruida por el Alzheimer, que ya no recuerda quien fue y que no sólo es incapaz de reconocer a nadie, sino que ya… Sigue leyendo

¡Cómo ibas el otro día!

“No nos perdemos una, ¿eh?”. “¡Cómo ibas el otro día!”. Esas frases son las palabras mágicas que abren las puertas de mi odio. Esas frases -acompañadas normalmente de una palmadita en el hombro o… Sigue leyendo

Acerca de la superioridad musical (o Mal de Alborán)

Ah, vale, que dices ahora que la sensibilidad musical de Gran Bretaña no es para tanto y que no tenemos nada que envidiarles. Ok, mira, yo te voy a dar algunos motivos y… Sigue leyendo

El vals que nunca bailamos

   El compás de un vals es de tres por cuatro, que bien podría ocultar un dos por uno, lo que hubiera sido aún más acojonante por profético. En ese compás, el primer… Sigue leyendo

Los peores de la raza

A lo Bukowski: la cosa más sensata que una persona puede hacer es estar sentada con una copa en la mano. Eran, por ello, los primeros de su especie, autores sin obra, como… Sigue leyendo

Chema über alles

Claro, Chema, claro. Tienes razón. Alemania no nos llega ni a la suela de los zapatos. El pellizco, el arte, y el duende es de España. La música, el sentimiento español… ¡Qué sabrán… Sigue leyendo

Extremos viciosos

Me gustaría escribir “El Quijote según Dulcinea”. Nada pretencioso. También me gustaría conversar con la mujer que jodió la vida a Quique González o a Iván Ferreiro, por ejemplo, para que me contaran… Sigue leyendo

Aquello a lo que tú llamabas desencanto

Dices que mi actitud está llena de desencanto. A mi me gustaría que todo hubiera sido diferente, pero ya hemos aprendido que querer no siempre es poder, que en cada vida hay varios momentos… Sigue leyendo

Desesperados con elegancia

En otoño los hombres visten como hombres y los niñatos como niñatos. Venga, inténtalo. Abre tu armario y tira todo aquello que no sea de color negro, blanco o gris. El resto de colores… Sigue leyendo

Fábula del hervíboro carroñero

Jose María, la grandeza o se tiene o no se tiene. No puedes fingirla. No se puede impostar, porque cuando suena a inversión, huele a podrido. Tú eres un pobrecillo y la altura… Sigue leyendo