Lo peor es que te fueras (“Lower East Side/NYC”)

luis

(“Lower East Side/NYC”) – Óleo sobre lienzo – 146x89cm – 2011 – © Luis Pérez

Esta luz debió ser lo último que vio Francesca Woodman antes de saltar por aquella ventana y apagarse para siempre, harta de un blanco tan blanco y un cielo tan alto. Y por eso te pedí ayuda, Maestra, a ti que nunca me fallas, a ti que a fuerza de no perderte, nunca ganas. Si tú supieras cuánto te extrañamos, no volverías a salir corriendo de aquel piso de yonquis y de putas que visitábamos esos días para cagarnos en Stanislavsky y en la tristeza que lo parió. No Maestra, eso no se le hace a un compadre de los de verdad, ni que te hubieran llamado de nuevo los mismísimos Strokes para escribir una y otra vez esa canción de ti y de mi, valga la redundancia.

Mandábamos en el Lower East Side y mandaremos cada noche , entre el telón de los hipsters fracasados de allá del río y las luces de nuestro reino, tan cerca y tan lejos de Brooklyn. Mandamos desde siempre aunque yo sepa que es inútil, como esta oración precipitada a tu ausencia. Igualmente yo me persigno en tu nombre y en el de los que mandaremos de nuevo cuando condenes a galeras a tu magia y vuelvas a buscarme, Maestra, maga, chiquilla de piel y nata, poeta fracasada, danzante de la noche, suicida, musa, asesina a sueldo… Bautízame con fuego, llévatelo todo, llévatelo todo para siempre.

Cuando salimos de ese antro, ya era de día, como siempre que acaba el blues. Aún veo la nieve cayendo en tu boina morada, el humo saliendo de tus labios, la droga reventándote los párpados. Lo malo no fue que robáramos las palas y las pistolas a esos dos salvadoreños que limpiaban las calles de nieve. Lo malo tampoco fue que te hicieras pasar por hechicera ante la policía, ni que te creyeran. Lo malo ni si quiera fue que me reventaras el pecho a tiros aquella mañana ni que robaras el carro al reverendo negro que nos iba a ayudar a huir por Williamsburg Bridge camino del infierno.

Lo peor es que te fueras, que yo me moría y que era demasiado pronto para encontrarme con Francesca Woodman en la parte más alta y más al oeste de este Lower East Side lleno de nieve virgen y de tacones que son navajas.

Huye como Thelma y Louise en ese carro. Huye de tu reino, vete. Eres es el tipo de mujer que nunca se escondería, pero soy el tipo de hombre que nunca iría a buscarte. El Lower East Side resplandece y yo me apago.

(A Luis Pérez. Amigo y genio)

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