Montparnasse 2014

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Un poeta es alguien que escribe poesía. Un poeta no es una persona con una visión más o menos poética de las cosas, con una sensibilidad especial en la mirada o con una pose lírica en las actitudes. No. Un poeta es quien –con mayor o menor acierto- escribe poemas. Del mismo modo, un escritor es quien escribe prosa y un dramaturgo el que escribe teatro. Un músico es quien compone o interpreta música y un pintor el que pinta cuadros.

Un turista es una persona que está de paso en un lugar que no es el suyo, comprando fotos al por mayor, rentabilizando su inversión, viendo a través de la réflex las cosas que ya había visto a través de la pantalla y subiendo postales a Instagram, sin enterarse prácticamente de nada. Un turista hace cosas de turistas, tiene prisa por ver lo que marca la guía Lonely Planet en el tiempo preciso que marca para ello: Portobello los sábados, el Rastro los domingos. Un turista, así, no es un viajero. Un viajero es un habitante temporal, un viajero es otra cosa. Un viajero busca puntos de vista propios en tierra ajena. Busca experiencias, busca sentir. Busca ser.

Un gilipollas es lo que resulta cuando un turista llega al arte, a la Cultura. No son artistas, solo fingen serlo. Quieren vivir como artistas, rodeados de artistas, haciendo cosas de artistas. Visten como visten los artistas el domingo, pero se les olvida el mono de trabajo los lunes. Son holgazanes, en lugar de trabajar, hablan de lo que quieren hacer cuando trabajen, piensan en cómo orientar su obra, planean el siguiente paso, encuadran su estilo, trabajan la corriente en la que se van a enmarcar, matizan su disfraz. Suelen ir en manada; así, los puedes ver debatiendo entre ellos, inaugurando bares y cerrándolos, los puedes ver en el pre-show y en el alter-show. El show, por supuesto, es prescindible. Tienen mil iniciativas, entre las que no se encuentra trabajar y crear. Follar es la primera de ellas. La segunda es que la droga les salga gratis.

Creen que ellos son la Cultura y, pese a lo que el lector más ingenuo pueda pensar, ellos no son Victor Hugo, Faulkner o Vargas Llosa. La Cultura son ellos. Ellos son Cultura. Ellos son toda La Cultura. Y si no triunfan es porque el gobierno de turno se empeña en cargarse la Cultura, que son ellos. Cuando hacemos censo, hay muchos más autores que obras publicadas en diez años, es increíble lo que puede llegar a crear la gente entre inauguración, colaboración y Jaggermeister.

Quieren ser confundidos con artistas, con intelectuales. Les basta parecerlo: serlo está sobrevalorado y es mainstream, TÍA. Superfuerte. Además está el desprecio. Desprecian a todo el mundo, a todos los artistas que no son ellos mismos o su grupo más cercano y, por supuesto, a su ciudad, región y país. Y desprecian al resto porque el resto no les entienden, no tienen el nivel para entenderlos a ellos. Si lo tuvieran, ellos triunfarían, y como no triunfan, cierran el silogismo por la vía rápida. Para ellos, triunfar no implica que el mercado pague por disfrutar de su obra lo suficiente como para poder dedicarse a ella por completo; triunfar no es recibir reconocimientos. Triunfar no es conseguir un lenguaje propio, un universo genuino. Triunfar no es poder hacer lo que les salga de las narices. No. Eso es mercantilismo barato. Triunfar es recibir una subvención, por supuesto, es decir, vender al ciudadano pero a punta de pistola. Trabajar es de pobres, vender es de mediocres. Ellos no necesitan trabajar ni vender para ser artistas, porque les dieron el carnet con la moleskine. A ver si saco un rato para hacerme una camiseta que ponga “YO NO SOY ARTISTA. YO NO SOY CULTURA”.

Que los verdaderos artistas, creadores e intelectuales nos perdonen. Que Cervantes, Shakespeare, Goethe y Moliere nos protejan. Que Lope, Galdós o Flaubert sepan ser indulgentes con nosotros. Que Juan Muñoz, Chopin o Bacon desnuden a estos cretinos farsantes y les iluminen el sendero hacia la biblioteca más cercana, que es donde tienen que estar y donde, seguramente, jamás habrán pisado. Deben estar esperando a que les hagan una retrospectiva o un homenaje. Para ese día tienen elegido ya sombrero. Y matizado hasta la perfección el discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua. Será el escaño G.

G de Gilipollas.

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