La maravillosa historia del IRPF sin intermediarios

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-¡Antonio!

– ¡Rafael!

– ¿Cómo va todo, amigo?

– Bueno, ya sabes, tirando, que visto lo visto no es poco. Está la cosa muy mala aquí en Jaén

– No está mucho mejor por Valladolid, pero bueno, es lo que hay y con estos bueyes tenemos que arar.

– ¿Qué tal el viaje?

– Largo. ¡Largo y caluroso! ¡Por Dios, qué calor! ¿Qué tal los niños, Rafael?

– Mira, por ahí andan con la bici. ¡Juaaaaaaaaaaaaanillooo! ¡María del Carmeeeeeeeen! ¡Venid aquí y mirad quién ha llegado! ¡Es Antonio, de Valladolid!

– ¡Hombreeeee, arriba esos dos campeones! ¡Qué mayores estáis! ¡Y qué guapos, coño!

– Ala, venga, dadle un beso a Antonio, que ha hecho un montón de kilómetros para traernos los seis mil euros de este año

– No pasa nada, Rafael. Toma el sobre, por cierto, así lo dejamos ya cerrado. Cuéntalo si quieres por si acaso, creo está todo

– Por favor, Antonio, encima que es tuyo y que me lo traes, solo me faltaba contarlo… ¡faltaría más!

– Las cosas son así

– Muchas gracias, Antonio. Sé que tú también lo estás pasando mal, no sé cómo agradecerte que…

– Nada, nada Rafael. La ley es la ley y sabiendo que va a gente como tú, pues duele menos.

– Ya, pero tú también tienes una hija, y por lo que veo, este año has cobrado algo más que el anterior, tienes que estar esforzándote muchísimo para conseguir estos resultados.

– Sí, así es, Rafael. Año duro pero no nos podemos quejar. Como he ganado más, a ti también te toca más.

– Pero coño, Antonio, que esta pasta la has ganado tú y podría ir a tu hija y no a los míos, las cosas como son.

– Si, es paradójico, pero así es el IRPF. Tú no tienes trabajo y con este dinero podrás adecentar tu casa, comprar algo a los críos y… ¡pagarte una ronda de cervezas ahora mismo que estoy desfalleciendo con el calor de esta tierra!

Antonio y Rafael se marchan al bar del pueblo a tomarse unos botellines de cerveza muy fría. Es el quinto año que viene y ya se conocen bien. Cada uno coge a uno de los niños a hombros y desaparecen de la escena mientras hacen bromas al camarero. Desde que se inventó la modalidad de IRPF sin intermediario, todos entendemos mucho mejor el impuesto. Los que dan, se quejaron menos. Y los que reciben, dejaron de gritar eslóganes hechos por necios para engañar a los bobos y rompieron las pancartas cuando comenzaron a conocer la cara de su particular donante. Se hicieron nuevos amigos en España. Montoro se exilió.

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