Oración

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Hay que seguir. Hay que levantar la mirada, dejarse cegar por este sol y celebrar el milagro que nos está siendo revelado en cada suspiro a pesar de nuestra ingratitud y de nuestra ceguera permanente. Hay que gritar hacia dentro y agradecer a Dios este regalo, la belleza de este lado del telón, la luz que hay más allá del conocimiento, el misterio insondable haciendo círculos concéntricos en charcos pisados por estos niños de Castilla, niños como pudimos haberlo sido tú o yo hace no tanto. Somos en realidad los mismos niños de entonces, aunque nos confundamos por estos ropajes gastados y alguna que otra herida abierta. No pasa nada. Cosas del camino.

Mientras haya un niño, hay esperanza. Ellos merecen que dejemos de hacer el ridículo pintando bigotes a esta belleza evidente. Merecemos vivir, hay que seguir amando, hay que reírse sin desaprovechar una ocasión, hay que arrodillarse ante el Oboe de Gabriel, ponerse de pie a pesar de los pies heridos, del labio partido, del alma quebrada, del canto roto, del amor perdido, del dolor en el que te retuerces cuando estás solo y ya no puedes más.

Solo que no estás solo y sí que puedes más, recuerda que estás interpretando un papel en una película cuyo guión original es tuyo, espérate al final y me lo cuentas. Mientras tanto, hay que sonreírle a Dios, hay que dar la cara al destino, tienes que escuchar el murmullo que tu misión te susurra al oido, te lo están poniendo a huevo y no te estás enterando. Déjate llevar en volandas por todos aquellos que te quieren, los vivos y los que se fueron y en este momento te están mirando y haciendo muecas de cariño, a pesar de que no lo quieras ver.

Dejemos de hacer el ridículo, aunque solo sea por ellos. Hay que correr mientras podamos, hay que mirarlo todo como si fuera la última vez, porque una de estas va a ser de verdad la última y me voy a arrepentir de no haber visto el Amazonas, Buenos Aires, las nieves del Kilimanjaro, el Monte de los Olivos. Hay que dejarlo todo escrito para allanar el camino, para que alguien queme las palabras de una vez, ponga piedras encima de las cenizas y podamos mirarnos a los ojos en silencio, desposeídos de armas y nos limitemos a aplaudirnos unos a otros internamente, como los héroes que en realidad somos.

Tu sufrimiento tiene un sentido, tu miedo es normal. Yo te admiro profundamente, sin cruz no hay Cristo. Carga con tu cruz, carga con ella con dignidad porque todo puede cambiar en cualquier momento. A lo mejor solo falta que estés verdaderamente preparado, de momento deja que las cosas pasen y ya entenderemos el juego de causas y efectos. Esta aventura tiene sentido, pero solo lo entenderás al final.

Mientras tanto, confía, ten fe en la gran incógnita, baja a tomar un vino, brinda por los cincuenta euros que nos quedan y observa la cara de no entender nada con la que nos miran. Celebremos que estamos vivos y que no sabemos por cuánto tiempo. No hay un minuto que perder, sal del charco, ponte de pie y sonríe, que eres hijo y nieto de quien eres y les debes respeto. Ponte en marcha, with nothing on your tongue but Hallelujah”, que esto no ha acabado y algo me dice que en realidad quizá no haya hecho más que empezar.

Amén.

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