iceta

Según Iceta, en España hay ocho naciones: Galicia, Aragón, Valencia, Baleares, Canarias, Andalucía, País Vasco y Cataluña. Tras esta afirmación se vislumbra que en realidad identifican a España con Castilla y, por ese motivo, nación es todo aquello que mantenga diferencias frente a lo castellano, frente a la manera ‘normal’ de ser español según sus cabecitas de homo llobregatensis. Dicho de otro modo: para el PSOE -esa insignificante filial del PSC-, sería nación todo aquello que no es Castilla. En su imaginario, los castellanos actuaríamos como estándar y el resto serían exotismos cuya heterodoxia es lo que les diferencia de Castilla, ergo de España. Como ven, a Castilla, la supremacía cultural se la dan sus enemigos.

Antes de nada, quiero apuntar que me siento indignado por la exclusión de León de la lista de Iceta. ¿Qué pensará el alcalde de León de este olvido? ¿Cómo se habrá tomado este ninguneo histórico por parte de un compañero de fobias y sanchismo? León no es Castilla y, por lo tanto, siguiendo la lógica icetense, es nación. Y la consecuencia es que se ha de preservar su legítima pretensión de convertirse en estado dentro de esta post-España que el PSC está montando con el silencio cobarde de sus compañeros de pesebre y rencor. No entendería que Valladolid no saliera a las calles para apoyar a nuestros hermanos leoneses, olvidándonos de su traición en las Navas de Tolosa, para que Iceta no les robe las alas de la identidad ni les contamine tratándolos como a usted o como a mi, míseros apátridas castellanos, mortales ápteros mesetarios.

Porque en el fondo va de eso: levante el lector la cabeza y advierta a ese señor con pinta de funcionario y cara de llamarse José Antonio, que toma un cortado apartando discretamente la pastita. Ese señor y usted son castellanos: no son nada. Representan simbólicamente a España, aquello de lo que han de desmarcarse desde la calle Ordoño hasta la Rambla de las Flores, desde el Boulevard donostiarra hasta la plaza del Obradoiro. Esta es la gran aportación de Iceta, persona en la que se pueden encontrar resumidos los tres grandes problemas de España: el PSC, las primarias y los pantalones mom-fit.

La única diferencia real la mide PISA y podemos estar orgullosos de que nuestros niños superen el nivel de la media europea. Quizá por eso luego no son nacionalistas. Esa es nuestra manera de ser castellanos y, por lo tanto, de no ser como Iceta. Luego esos niños migrarán, nosotros movemos el árbol y Madrid recogerá las nueces, con esa técnica de batzoki que tienen los lobitos de las cuatro torres. Y entonces se va la riqueza, se queda el olvido y escucharemos a los pijos decir que la medida de nuestra penitencia actual debe ser la medida de nuestra grandeza perdida. Yo los llevaría a la carretera que va de Villafrechós a Castroverde y pararía en Barcial de la Loma para que me hablaran de grandeza a la cara.

Para grandeza perdida, la del PSOE, al que, según el ex ministro socialista César Antonio Molina, Sánchez ha llevado desde una “socialdemocracia progresista a una extrema izquierda, aliada con proindependentistas, anticonstitucionalistas, enemigos de nuestro régimen económico, antieuropeos, y tantas cosas más que abren paso a un Estado totalitario como aquel que levantó el Muro de Berlín”. Quizá el nuevo muro nos lo pongan ahora a Castilla, para mantener controladas la cultura y su consecuencia: el antinacionalismo. Quizá aislándonos a nosotros tras el muro, silencien el ruido insoportable de su propia miseria moral.

(Esta columna se publicó originalmente el 10 de diciembre de 2019 en El Norte de Castilla. Click aquí)