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Mientras parte del electorado socialista bajaba la cabeza avergonzada, apagaba la tele y salía a la calle a fingir que no pasaba nada, sus representantes limpiaban la baba a ese traidor tramposo con tintes psicopáticos que han elegido como líder en su éxodo hacia la desaparición. Porque no sé quién va a ser capaz de apoyar a Izquierdo o a Caballero después de verlos votar que Cataluña negocie con el Estado de tú a tú, y su tierra no; a ver quién vota a Tudanca después de que no se inmute mientras ve cómo se condena a nuestros hijos y a nuestros viejos a ser ciudadanos de segunda, sin financiación, sin futuro ni derechos frente a los niños y viejos catalanes. A ver quién de ellos es capaz de aguantar la mirada a sus votantes después de haberlos vendido, prometiéndoles no pactar con Podemos ni separatistas o ilegalizar los referendos ilegales para, acto seguido, hacer justo lo contrario. Después de que hayan traicionado como cobardes a su gente apoyando medidas que van a desmontar el Estado de Bienestar en esta pobre tierra mientras los que delinquen prosperan en su camino fascista, legitimado hoy por este PSOE podrido. A ver cómo se atreven a pedirnos que no cojamos el pasamontañas y vayamos a la delegación del Gobierno a tirarles adoquines, si están legitimándolo como vía política. Si tuvieran vergüenza -no es el caso-, pedirían perdón y se irían -sin calor de nadie y sin consuelo- del corazón a sus asuntos. Abandonen toda esperanza. Ni de lo uno, ni de lo otro.

Mientras alguno en la bancada otrora progresista -hoy ultra- no sabía donde meterse, la mayor parte, -la parte adolescente, la iletrada, la de Lastra- se aplaudía a si misma -prietas las filas-, con una excitación sexual enfermiza que no era sino homenaje a esa atracción que el PSOE tiene por suicidarse llevándose al país por delante. Esa manera de aplaudir me recordó al PP cuando lo de Irak. Luego resultó que nadie estaba de acuerdo con aquello, y exactamente lo mismo dirán pasado mañana los que ahora callan como callan los peores cuando la vida les da la oportunidad de ser los mejores. Les adelanto que la culpa no se va con jabón y que no hay lugar al que huir. Pero para eso hay que tener dignidad, no ser como este cobarde con viruelas: este Fernando VII en tanga que grita que ‘vivan las caenas’ para poner una bomba en los cimientos de nuestra democracia y que nos llevará en su conga absolutista al populismo, al comunismo, al nacionalismo y, en resumen, al tercermundismo de su desdicha intelectual. En España, siempre que podemos levantar cabeza, viene un traidor a destrozarlo todo. Es nuestro sino.

El PSOE que conocimos ha muerto. Queda una indignidad denunciada por González, Guerra, Leguina, Redondo, Molina -peligrosos fascistas- y que los demócratas debemos denunciar cada día si, como parece, este chulo de bolera acaba siendo investido. Sánchez es un Caballo de Troya de Podemos y Podemos lo es del fracaso. Ha repetido estos días que el Poder Judicial es un obstáculo para una solución política, haciendo suyo el Cantajuegos podemita y su pocilga ideológica. “Yo no quería, me obligasteis a hacerlo”, repite como repiten los maltratadores. No entiende que nadie tiene que darte nada para actuar con honor, valentía y dignidad. “Hay que abandonar la vía judicial”, dice el felón. “Nuestros hijos e hijas lo merecen”. No. Lo que merecen nuestras hijas es que el gobierno no las traicione. Usted no es un ejemplo para nadie, pero menos para nuestras hijas. Deben aprender desde pequeñas a alejarse de hombres así.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 7 de enero de 2020. Click aquí)