cesar

Me he prometido postponer la inevitable columna de ajuste de cuentas con el Gobierno hasta que ‘todo esto’ haya pasado y lo voy a cumplir. Es una cuestión de estilo y, por lo tanto, no es negociable. Y eso a pesar de las enormes tentaciones que surgen y contando con la posibilidad de que ‘todo esto’ nunca llegue a terminar del todo. No, no habrá una campanada final ni un pistoletazo que marque la salida a un nuevo tiempo: la realidad se diluye como una bruma y los bancos de niebla no conocen fronteras. Las cosas pasan, las consecuencias se quedan y solo hace falta apagar el hedor de la telebasura –Aló Presidente– y pensar cinco minutos para comprender que esta situación, de una u otra manera, ya ha acabado con parte del mundo que conocíamos para dar paso a otro que, por cierto, no tiene por qué ser peor. De cualquier modo, confío en mi capacidad para saber cuando es el momento.

Porque la realidad es que necesitamos a Sánchez. Una crisis de gobierno en este momento acabaría con la poca estabilidad que aun nos queda y a la que todo el país necesitamos aferrarnos como a un inmenso clavo ardiendo, ya que a sus pies no hay un profeta tras el cual atravesar el desierto sino un foso repleto de cocodrilos con hoces y martillos. Una crisis que sacara ahora a Podemos del Gobierno nos llevaría probablemente al germen de un enfrentamiento interno, y es que la única manera de que las calles no ardan es que Podemos esté fuera de ellas. La única posibilidad de que algunos se supediten a la disciplina que se les pide pasa por que el imaginario de Podemos no sea capaz de conformar una alternativa culpable a la que dirigir su odio, su sonajero intelectual y el rencor con el que se atragantan cada amanecer. Necesitamos a Podemos más que nunca en el gobierno, porque sacarlos ahora del sistema es sacarlos de la responsabilidad y dejarlos en el espacio de las víctimas. ¿O qué creen que harían fuera? ¿Arrimar el hombro? No conocen a un comunista. Si el peligro es Iglesias, nuestro hombre hoy es Sánchez. La vida nos lo pone ciertamente difícil, pero si queremos paz, los necesitamos dentro del poder, sentados en la mesa a la izquierda de ‘Su Persona’ porque justo ahora es el momento de ponerlos a trabajar –nunca es tarde– en alguna chorrada, mandarles hacer algún informe para Europa y no dejarles que se oculten sino, muy al contrario, sobreexponerles para que pasen del olor a pies de las tiendas de campaña al olor a rancio del BOE, de los pasillos de la Complu a los de los hospitales donde, por cierto, si les pilla un médico, igual les linchan. Los mitos crecen en la distancia. En la cercanía solo crece la barba.

Sacar a Podemos del Gobierno ahora sería justo lo que están deseando, un sueño hecho realidad, porque implicaría en la práctica, quitarles el marrón de encima, regalarles el monopolio de la oposición, que es su lugar natural, entregarles el liderazgo de la pancarta y el altavoz antisistema y regalarles las llaves de las calles para poder tomarlas ahora que están vacías y no podemos defendernos. Justo ahora que, por una vez, les toca a ellos salvarnos y no al revés.

Sacarlos del gobierno sería pasar de los balcones a rodear el Congreso y ponerles en bandeja la posibilidad que llevan esperando toda su vida: destruir España cuando se muestra débil. Si lo que queremos es esconder a un inútil, no se me ocurre un lugar donde hoy por hoy pueda pasar más desapercibido que en el Consejo de Ministros.

(Esta columna se publicó originalmente el 31 de marzo de 2020 en El Norte de Castilla. Disponible haciendo click aquí)