marx

La táctica siempre es la misma. Dividen a la población en dos bloques, se sitúan en uno de ellos, el de ‘los buenos’, deslegitiman al otro bloque –‘los malos’, claro- les niegan el derecho a la existencia, les declaran la guerra y, lo más importante, inician una campaña para hacer creer a los suyos que son víctimas y nada más que eso, solo pobres víctimas del pasado y su rebufo, víctimas de una abstracción llamada ‘sistema’, víctimas incapaces de salir adelante solas, sin ellos, que aparecen como ese Mesías que los liberará del yugo imaginario hasta llegar a la Tierra Prometida. Solo que nunca llegan, claro, porque muerto el perro se acabó la subvención. Y el chollo. Los machacan día a día con consignas de parvulario haciéndolos creer que son especiales -sin duda, el mejor camino hacia la neurosis- hasta crear personalidades totalmente anuladas, rebozadas en el fango de la derrota estructural, sistémica, de la estupidez y de la mansedumbre. Luego enarbolan la bandera de su defensa y del lorazepam. Finalmente consiguen vivir de ellos y a costa de ellos, que es en realidad de lo que va todo esto, claro.

Mira, siento ser yo el que te lo diga, pero nadie te debe nada por el hecho de ser mujer, negro, gay o catalán. Nada de eso te pone en una situación más o menos favorable. En una sociedad libre y democrática, tu futuro lo construyes tú, con dos cojones, ovarios o lo que tengas. Sin lloriquear y trabajando mucho más que los demás. No eres inferior ni tampoco eres superior a nadie por el color de tu piel, por tu sexualidad, por tu religión, tu sexo o tu origen. Esfuérzate, piensa, apaga la tele, quema la pancarta, rebélate contra el idiota ese que va delante de ti con la banderita, mándale a la mierda y verás como, poco a poco, se va cayendo el velo del victimismo y ves el mundo tal cual es, sin relatos de consultor político junior ni dragones inventados por malvados para engañar a necios. Verás como mudas de piel y de expectativas. Y te vas a dar cuenta de la triste realidad: que a nadie nos importa una mierda que seas de Sestao, blanco, negro, que te folles a un hombre o a una mujer, que creas en Alá o en la idiota de Simone de Beauvoir. Nos da exactamente igual. Ni tu éxito ni tu fracaso se deben a tu supuesta diferencia, que, por otro lado, no existe más que para alimentar a esos que dicen querer salvarte mientras te van hundiendo en el fango. No, no eres diferente. Asúmelo cuanto antes y tolera como puedas la frustración que eso te provoca.

Lo único que importa es la belleza, la paz, la libertad, el amor, el esfuerzo y la defensa de la civilización frente a la barbarie. Importa la cultura frente a las pócimas de hechiceros. Y no, te adelanto que la cultura no son los Goya. Hablo de la cultura de verdad, la que te abre una duda donde tenías una certeza, la que duele, la que cuesta. Pero en cualquier caso no te vamos a consentir, seas quien seas, que tires piedras, que destroces las estatuas que honran a los mejores hombres y mujeres de nuestra civilización; que oses si quiera pensar en dañar a Cervantes. No te vamos a permitir que humilles a nadie o que ataques la propiedad ajena. No se te ocurra ponerte por encima de mi. Y si se te ocurre intentar que me arrodille, ya puedes venir bien armado, porque te aviso que te va a costar. Yo sí que he leído y no voy a asistir impávido a tus locuras ni a tus intentos de culpabilizarme a mi de tu fracaso. Celebra lo que quieras, pero antes toma el control de tu vida y, si te apetece, la caminamos juntos. No hay otra opción. Y me temo que jamás la habrá.