«La modernidad no es el moderneo, del mismo modo que lo universal no es lo global. Leerle –además de un placer y una adicción–es educarse en estos discernimientos. Tal vez sean las nieblas del Pisuerga el celofán que les preserva del ridículo a ellos, los vallisoletanos, nuestros precursores en esto de la capitalidad, y les ha vuelto comuneros en armas contra la gilipollez. Él va y nos tira del faldón de la camisa, y nos recuerda que no nos la jugamos en las urnas de Wisconsin, sino en el surco, en esa humedad roja de la remolacha que sostiene a Castilla, que la va salvando en un gerundio alargado como un chicle: la España vaciándose, aún no del todo vaciada, cabrones. Nos gustaría tenerle aquí, en Madrid. Que nos ayudara a explicarnos, y que nos recordara el tiempo en que en cada plazuela y mercado de abastos madrileño se abría un retal de campo castellano. Pero se ve que esto del columnismo es, cada vez más, un bien de lujo. El Moët lo tiene uno en cualquier súper, y te hace el apaño si hay que regar a alguien desde un podio, o emborrachar a unas rusas en Ibiza. Pero si hay que beber, el Krug lo sirven sólo en El Norte de Castilla». (Juan Mas).

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