Izquierda Unida, en su eterna cruzada contra el progreso, ha lamentado «el despliegue de apoyos a Renault». Hasta los sindicatos han estado a la altura. Todos lo han estado. Pero Izquierda Unida, como es costumbre, a lo suyo. La realidad es que sin empresas no hay trabajadores, sin trabajadores no hay derechos de los trabajadores y sin Renault no hay nada de lo anterior. Voy más allá: sin Renault no hay Valladolid. Vivimos en un espejismo en medio de la España vacía y se lo debemos a estos gabachos y si tiene que venir el Rey, Sánchez y hasta Ángela Merkel, pues que vengan. Como si hay que traer a los mismísimos Reyes Magos. La tela de las pancartas no alimenta y, si en medio de la mayor crisis desde la Guerra Civil criticamos de verdad que venga la plana mayor a apoyar expresamente a Renault, a lo mejor algunos merecerían la miseria que predican.

Como yo soy un tibio socialdemócrata, creo firmemente en la intervención del estado en la economía y este es un caso de libro, todo euro que ponga la administración en Renault genera un retorno en la sociedad muy superior a ese euro. Si por mi fuera crearía una concejalía para asuntos de Renault, pondría en marcha una consejería de la Junta dedicada solamente a la automoción y comenzaría a pensar en el proyecto para poner una estatua ecuestre a José Vicente de los Mozos, como el Conde-Duque de Olivares, en el hueco que se ha quedado libre en el Cerro de San Cristóbal. Yo me imagino esa estatua como la del Cristo de Corcovado de Río de Janeiro con una bujía en cada mano, con el volante de un R4 o, por qué no, sujetando un cigüeñal, que no tengo ni idea de lo que es pero que suena rotundo. El cigüeñal de Renault también trae niños desde París.

Mi familia, como casi todas las de esta ciudad, ha comido gracias a Renault y cuando yo veo el rombo siento lo mismo que cuando veo al Real Valladolid o cuando entro por la noche desde la carretera de Gijón y la luz me sorprende como un oasis imprevisto que ilumina una ciudad larguísima y resplandeciente y que es el germen de ese nacionalismo del 47004 que me entra, tan identitario como el catalán, solo que con motivos. Mis vecinos son Cervantes y Delibes. Los suyos los Jordis. Ya me contarán.

Esa fábrica ha permitido a toda una ciudad comer, comprar una casa, tomar clarete y llevar una chupa de cuero. Esa empresa ha vertebrado esta tierra, la ha llenado de oportunidades y, desde luego, ha hecho más por la ciudad y por sus trabajadores que toda la historia de Izquierda Unida. Yo me siento muy agradecido y creo que es generalizado. Y si no lo fuera, debería serlo, aquí ni pin parental ni leches, propongo una asignatura obligatoria en primaria para que los niños sepan de quién vivimos en concreto, para que entiendan que el dinero no crece en los árboles y que para redistribuir la riqueza conviene previamente crearla. Y los que la crean son ellos.

El anuncio de la adjudicación de estos cinco nuevos modelos a las factorías de Palencia y Valladolid debería festejarse durante cinco días consecutivos, como las bodas de uno de esos sultanes de pacotilla. Supondrá la creación de mil contratos indefinidos y de 12.000 millones de euros en valor, es decir, como si nos hubieran dado solo a nosotros una sexta parte de todos los fondos europeos. 

No consigo que se me vaya de la cabeza lo de estatua y cada vez lo veo más claro, pero estoy pensando que mejor la hacemos a cargo popular, que si se lo dejamos a los de siempre veo que, al final, nos cascan un rombo de Gabarrón en la torre de la Catedral.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 25 de marzo de 2021 con el nombre de ¡Viva Fasa!. Disponible haciendo clic aquí)