Dice Yolanda Díaz que comunismo es democracia y libertad. Yo creo que la vicepresidenta se ha quedado corta. El comunismo es, sobre todo, primavera, es belleza, una gota de rocío sobre una flor blanca, un cachorro de Golden Retriever que se despereza con el aire de la mañana. Todo eso, pero con checas. El comunismo yolandista es un amanecer en el paraíso, un río fértil en el que el sol se refleja como un resplandor de oro y vida, un suave terciopelo amarillo, un tulipán en una mañana de abril, un pastelito de limón, la lana virgen, una mecedora rosa palo en la que una abuela teje unos patucos, una madre que pasa dulcemente sus labios frágiles por encima de

 la piel limpia de un bebé, la sonrisa de una niña que juega a la comba a la sombra de un almendro, el olor de la hierba recién cortada, el mar en calma. Todo lo anterior. Pero con gulags. Y kalashnikovs. 

Aunque según Yolanda Díaz su cultura como comunista es la del acuerdo y el pacto. Y es cierto, todos sabemos que lo mejor del comunismo es el pacto que surge de modo natural entre un campesino al que vas a robar su granja y el militar que le apunta a la nuca. Es la verdadera cultura del acuerdo, del consenso, de la libertad, de dos hombres que se miran frente a frente como en el anuncio de la lotería de Navidad, con lágrimas de negociación y agradecimiento resbalando sobre sus mejillas de color fresa comunista. Porque es sabido que cuando vas a quitar a alguien sus tierras, sus empresas y sus casas, esa persona tiende a dártelas sin protestar, sin oponer resistencia. A lo sumo una sonrisa y un guiño de complicidad sincero, ese fuerte apretón de manos de quien llevaba años esperando que, por fin, le arrebataran todo lo que ha sido capaz de juntar en una vida, todo lo que sus padres le legaron tras esfuerzos sobrehumanos. 

El comunismo de Yolanda es ‘La aldea del Arce’, ‘Los mundos de Yoli’, un cancionero infantil, un ‘Imagine’ coral con flautas traveseras, el poemario de una niña que mira a la luna, María Ostiz pasando su mano por tu frente las noches en las que no puedes dormir, un agua de colonia y vida que trae felicidad, frescor y cambia los puños por poemas y por margaritas los fusiles. 

El comunismo según Yolanda se parece mucho a la libertad, tanto que creo que la vicepresidenta puede estar a punto de ir a Estados Unidos, a Inglaterra o Francia para aplaudir en persona las primeras democracias liberales. Estás muy cerca de entender lo que es la democracia, Yolanda. Estás a punto de romper el carnet. Nunca es tarde. Bienvenida a la libertad.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 9 de abril de 2021. Disponible haciendo clic aquí).