Arrimadas vino el martes a Valladolid para reunirse con Mañueco ‘a solas’. Lo de ‘a solas’ es un circunloquio, podría haberse reunido a la vez con Mañueco, con Espinete y con Vinicius, que no le hubiera importado porque lo importante no era quién estaba dentro sino quién estaba fuera. Igea, vamos. Esa era la clave, dejar claro quién manda. A eso vino. El resto de la agenda era una excusa para pasar unas horas en una tierra rara, viejuna, como pasada de moda, o sea. Acudió al Colegio de la Asunción, según ella, «a garantizar la estabilidad en el gobierno de Castilla y León», que es como si voy yo al Santiago Bernabéu a garantizar el fichaje de Mbappé, porque ya me dirán quién es Arrimadas para garantizar eso. Y menos ahora, que ya está garantizado y no gracias a ella sino pesar de ella, que prefirió quedarse en Madrid salvando su cabeza en vez de venir aquí a remangarse, bajar al fango y sacar de allí a su gente en un momento crítico. Eso es liderar. Lo otro es pastorear.

«Pero ¿usted quién es?», le tenía que haber respondido el conserje. «Pero ¿usted quién se cree que es para garantizar la estabilidad de un gobierno al que no pertenece?», le tenía que haber respondido Mañueco. «El que sí que pertenece a este ejecutivo, y, de hecho, lo vicepreside, es ese señor que está ahí fuera, mire, ese con poco pelo que lleva un año comiéndose el marrón mientras usted jugaba a ‘estrategonova’ en la Carrera de San Jerónimo. Dígale que entre o esta reunión ha terminado». Desde luego, si Mañueco lo hace yo le hago la ola, y no porque me gusten más o menos unos u otros, sino por elevar nuestra dignidad como comunidad, por hacer respetar las instituciones y por mostrar lealtad a nuestra historia.

Los que también pertenecen al gobierno autonómico cuya estabilidad dice querer garantizar Arrimadas son Ana Carlota Amigo, Verónica Casado y Javier Ortega. Y fíjate por dónde, con ellos Inés no se reunió, no le debió parecer importante el detalle de gobernar. No fue por falta de tiempo, lo tuvo para hacerse fotos, para visitar Palencia y supongo que para decir que le encanta El Escorial, que lo mejor de esta tierra son sus gentes, las migas manchegas y el crianza de Rioja. Yo me pregunto qué tendrá en la cabeza Arrimadas para no reunirse con Verónica Casado, aunque sea para darle las gracias después de todo un año de ojeras. Yo me pregunto hasta dónde llega el ego y el desprecio de una supuesta líder para no dar si quiera un abrazo a la Consejera de Sanidad de tu partido en medio de una pandemia. Pero qué sabré yo.

Inés no se reunió con sus consejeros, pero sí con los procuradores de Ciudadanos, ya me dirán en calidad de qué, y en el propio edificio de las Cortes, algo que tampoco entiendo. En las Cortes de Castilla y León ella no es nadie. En el gobierno autonómico menos. Si se trata de hablar con sus afiliados en condición de lideresa que lo hablen en la sede, si es que sabe donde está. Los ciudadanos hemos elegido nuestros representantes y ella no estaba en las papeletas, así que este acto de paternalismo y de ninguneo sobra porque no tiene la autoridad para ello. Según parece, tampoco la grandeza. 

«¡Qué bonito el hemiciclo, con esos techos altos!». «¡Qué bonito el mosaico del salón de plenos! Que se vea entero en la foto». El resto, poesía: el prodigioso dictado de maestra en la palestra, la visita de calado y el sentido del estado de esta Inés del alma vuestra.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 8 de abril de 2021. Disponible haciendo clic aquí).