Dicen que en la vida se puede ser todo menos pesado. Yo creo que no hay nada más coñazo que la falta de empatía, nada más débil que la ausencia de piedad y nada más frágil que un hombre que grita cuando debe estar callado. Al grano: si un tarado envía cuatro balas amenazando de muerte a Pablo Iglesias y a su familia, solo cabe mostrar apoyo, humanidad y preocupación. Ponerlo en duda y afirmar, como Santiago Abascal, que «apesta a montaje», es frágil, débil y, sobre todo, un coñazo. Pero si además viene de una persona amenazada por ETA durante la mayor parte de su vida, roza lo obsceno. 

Abascal debería haber sido el primero en empatizar con Iglesias, en apoyarle, en ponerse a su disposición y en demostrar que él no solo no tira piedras, sino que, además, llegado el momento, tampoco esconde la mano. Poner en duda la veracidad de la amenaza es exactamente lo que habría hecho Pablo Iglesias y si Vox ha venido para hacer lo mismo que haría Podemos, Vox sobra, como, desde luego, sobra Podemos. La elegancia y la grandeza habría consistido en olvidarse del rival y en echar un mano a la persona que hay detrás, por mucho que la odies. Precisamente por eso, porque la odias. Cuando más te cueste hacerlo, más grandeza muestras y cuanto más fuertemente seas capaz de silenciar las dudas que se te presuponen, más evidente será tu nobleza. Si no lo haces por convicciones, hazlo por interés electoral, o, lo que es lo mismo, si no lo haces por bondad, hazlo por inteligencia, aunque algo me dice que ni de lo uno ni de lo otro. Mañana ya diremos todo lo que pensamos de él y si en algún momento se demuestra que ha sido un montaje, el bochorno público hará el resto.

Pero hoy no, hoy habría tocado callar, apoyar, primar la humanidad sobre el enfrentamiento y mostrar una especial sensibilidad en el debate, la misma que Iglesias, sin duda, no habría tenido. Y todo lo que viene después sobra, igual que sobraba todo lo que se dijo el día de las pedradas de Vallecas o el día de De Meer en Sestao o el día en el que el propio Iglesias mandó cerrar la puerta por fuera a Espinosa de los Monteros cuando este le exigió retirar la acusación de golpista y, en realidad, igual que sobra todo lo que ha hecho Iglesias desde el minuto uno y escribo esto tapando la pantalla del ordenador con una vergüenza terrible, como si fuera pornografía, porque, a mi lado, una niña intenta mirar lo que escribo y no sé cómo voy a ser capaz de explicarle que todo esto está pasando de verdad, que algunos están convirtiendo el mundo en una basura y que, en efecto, lo que su padre escribe hoy no es más que eso: pornografía.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 24 de abril de 2021. Disponible haciendo clic aquí).