Recuerdo el día en el que Rufián llevó a Puigdemont al abismo al acusarle de venderse por «155 monedas de plata». El entonces presidente estaba a punto de poner fin a la locura secesionista, tras aquella aparición de Urkullu como un casco azul con chapela, ya recuerdan. Pero prefirió saltar. Han pasado tantas cosas desde entonces que todo esto podría parecer ya parte de la mitología, como si Cataluña fuera un Sísifo postmoderno obligada a despeñarse cada vez que hace cumbre, pero, en realidad, todo está ahí al lado. Aquellas palabras de Rufián, digo, llevaron a las masas a la calle y empujaron al ‘muy poco honorable’ a dar un golpe de estado contra la democracia española y huir después como un cobarde a Waterloo a inflarse a mejillones.

Bien, pues los hooligans de los equipos ingleses son los nuevos CDR llevando al abismo a los líderes. Los equipos de fútbol, desde hoy, ya no son empresas dirigidas en términos de rentabilidad y de creación de valor a largo plazo, sino entes populistas en manos de masas enfervorecidas que actúan contra los intereses económicos, que son, en última instancia, la antesala de los éxitos deportivos que después celebran en las calles como si fueran suyos. Este no es un asunto de romanticismo, de búsqueda de la igualdad y ni si quiera de deporte, porque los equipos de élite no tienen nada que ver con el deporte sino con el dinero, mucho dinero. ¿O alguno de estos multimillonarios creen que el dinero que tienen en la cuenta les llega por ‘hacer deporte’? Hacer deporte es lo que hago yo cuando nadie me ve. Lo que ellos hacen es generar un negocio gigante del que participan, como es lógico. Y ese negocio se muere. Los buenos empresarios ven venir las cosas y ponen remedio para que sus negocios no mueran, entre otras cosas porque, en este caso, no son negocios normales, son unos fondos de inversión en forma de ilusión que se renuevan anualmente. Y esa ilusión es el mayor activo, la base de todo.

El fútbol ha elegido seguir esclavizado por los corruptos de UEFA y FIFA en lugar de coger el toro por los cuernos y decidir su destino sin intermediarios, sin mundiales en el desierto en pleno agosto ni supercopas en África. Han elegido esclavitud a libertad, pobreza a supervivencia y, sobre todo, los equipos han elegido este socialguardiolismo demagógico en lugar de seriedad en la gestión. Han perdido el control sobres sus empresas y sobre sus negocios, a los que están llevando al mismo abismo al que Puigdemont llevó a Cataluña y por el mismo motivo, por no saber enfrentarse a la turba. Esa misma turba les va a echar en cara, y no tardando, que llegado el momento no actuaran como debían. Dirán que todo esto era una ensoñación y que no tenían datos, que para eso están ellos, que al fin y al cabo ellos solo saben cantar lo-lo-lo. 

Pero ya es demasiado tarde. Espero que el Real Madrid entienda que esta solo, terriblemente solo, como lo están todos los líderes en todos los ámbitos, que no se puede hacer negocios con populistas ni con ingleses y que su único pecado ha sido tener razón antes de tiempo. Van a venir todos, uno por uno, en procesión, a pedir que se retome el proyecto. En ese momento habrá que recordar a las aficiones, sobre todo a las más pequeñas, que llegado el momento eligieron mal y que la vida no es una partida de la ‘play’ en la que puedas reiniciar cuando la cobardía y el desconocimiento te lleva a comportarte en contra de tus propios intereses.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 22 de abril de 2021. Disponible haciendo clic aquí).