Sánchez no se presentó al Día de las Fuerzas Armadas para evitar un abucheo. Se cantó allí ‘La muerte no es el final’. Hay que tener claro que, gracias a Dios, tampoco Sánchez es el final. Y seguir sin más lamentos. Casado anuncia que cambia los asesores con los que afrontar el ‘rearme ideológico’ a través del cual recuperar Moncloa. Casado no lo sabe aún, pero el PP no necesita un rearme ideológico porque el centro derecha no necesita una celda con soluciones precocinadas, eso es asunto de la izquierda y de sus monsergas dogmáticas. El PP ha tenido éxito cuando ha basado su acción en la mejora de la economía, en la creación de empleo y en la defensa a ultranza de la Constitución Española. Ya está, no hace falta nada más, he ahí toda la ideología que necesita tener Casado para gobernar. No les parezca poco. Muerto Ciudadanos, el PP es el único partido que defiende una Constitución con cada día más enemigos a derecha, izquierda y periferias morales. El programa del PP debe ser la Constitución de 1978.

Y Ayuso es la prueba. Ha arrasado en unas elecciones basando su discurso en la recuperación económica y en ganar el centro. Así se ganan elecciones. No le ha hecho falta ni rozar la tan cacareada guerra cultural, es más, parece despreciar todos esos temas con los que la izquierda lista tiende trampas a diario a la derecha boba, que no solo no aprende para evitarlas, sino que acude hacia ellas con la pulsión suicida con la que un caballo desbocado busca el tren. La izquierda necesita que la derecha entre en esos temas y que el debate se centre en la ideología de género, el cambio climático, lo identitario, la orientación sexual, la inmigración, las hamburguesas veganas, los toros, les niñes y les gallines. Vox quiere lo mismo. Bien. Pero Casado no debe entrar. Solo economía, prosperidad económica, empleo, defensa de la Constitución y, como consecuencia de lo anterior, defensa de la unidad de España, de las autonomías y de los servicios sociales a los que la Constitución obliga. Ya está, esto es todo, amigos. Solo le pido eso y que deje de sonreír compulsivamente, por favor. Los defensas centrales me gustan feos, peludos y violentos. Y los presidentes del gobierno serios, enfadados y fríos. Tanto como el corazón de tu ex.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 31 de mayo de 2021. Disponible haciendo clic aquí).