Los alemanes, cada quinientos años, montan un cisma contra la Iglesia Católica. Es una tradición que tienen, como los mercados de Navidad, el Oktoberfest o las guerras mundiales. Aunque la reforma luterana tiene un origen religioso, su éxito fue, sobre todo, un asunto político, contra España. Porque, por entonces, el Papa solo era el líder de la Iglesia sobre el papel. Los verdaderos líderes eran los reyes de Castilla, Isabel -toma feminismo-, Carlos, Felipe. El cisma fue, por lo tanto, una guerra política contra el predominio de España en el mundo. Conviene recordar que la Iglesia Católica es lo que es, porque los reinos cristianos de la península vencen al Islam, impiden su avance y, posteriormente, llevan la fe a América y a Asia. Es decir, que sería difícil de entender el catolicismo sin España. No puedo decir lo mismo de Alemania.

Y subyace en la postura alemana un tufillo nacionalista, una superioridad impostada que encierra esa inferioridad de fondo. La iglesia no sería para ellos la obra del Dios, una institución santa ni la unión espiritual de todos los cristianos vivos y muertos -es decir, la comunión de los santos- sino un nido de corrupción italiano que ellos pueden poner en orden con sus alemanas maneras, como si esto fuera la UE o, peor aún, como si los dogmas de la Iglesia se pudieran votar en una asamblea de Podemos. La doctrina se fija en los concilios, no en la tele. Es un asunto del sínodo, no de la política infiltrada. No se puede votar como en Gran Hermano, «manda la palabra CISMA SÍ al 3443». El Papa no es Angela Merkel.

Para la iglesia alemana, Francisco sería la encarnación de lo reaccionario, del inmovilismo, de las estructuras anquilosadas y caducas. Llama la atención que para Vox, Francisco represente exactamente lo contrario, un peligroso peronista, un barra-brava progre. Visto lo visto, no podemos descartar que Vox comience ya otro cisma para lograr una Iglesia a su medida, una iglesia que elija un Papa alternativo, que les guste a ellos, es decir, uno que se aleje del todo del mensaje de Jesús. Sorprende ver cómo unos y otros ponen el nacionalismo por encima del Espíritu Santo. Y sorprende confirmar que muchos ven la religión como el nacionalista ve la patria.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 30 de mayo de 2021. Disponible haciendo clic aqui)