Nos dice Pedro que en la España de 2050 no comeremos carne ni alimentos de origen animal porque el ganado genera residuos y contamina un huevo. Como pueden suponer, esto es fantástico para una comunidad como la nuestra que vive del campo, que es una superpotencia agroalimentaria y que cuenta con productos como el lechazo churro, el cochinillo de Segovia, el jamón de Guijuelo, el botillo de El Bierzo, la cecina de León, la morcilla de Burgos, el chorizo de Cantimpalos, la ternera de Ávila, la charra, la de Aliste, que produce leche y queso de modo masivo y que tiene el 20% de los conejos y de las gallinas de España. Así que oye, fantástico. A ver si también nos dice que no hay que beber vino y cerramos Ribera, Rueda, Cigales, Toro y el resto de denominaciones de origen y ya lo terminamos de bordar.

Pero no todo son malas noticias. También nos cuenta que quiere crear nuevos impuestos al uso del vehículo, al combustible de los coches y cargarse la producción de los gasolina y diésel. Esto es un sueño para nosotros, que somos un cluster líder en la industria de la automoción, que crea 30.000 empleos y que supone la mayor parte de nuestra especialización y de nuestras exportaciones. Así que de lujo.

Sin comida ni coches, lo siguiente supongo que será cerrar los restaurantes porque, evidentemente, el turismo que venga a comer carne de soja se limitará a Errejón y sus colegas, que vendrán en bicicleta y se encontrarán, eso sí, con el paraíso del ciclista, una Shangri-La del deporte de las dos ruedas, un carril-bici entero para él, que con su maillot de lunares subirá Parquesol con heladas, nevadas, cencelladas, nieblas o con este calor asfixiante. Y por supuesto disfrutarán de una ciudad vacía, porque, por entonces, no quedará aquí ya ni un solo abuelo que prepare a nadie un bocadillo de nada.

Lo único bueno es que Pedro no solo quiere penalizar con impuestos a los vehículos destinados al transporte de personas sino también a los de mercancías, así que mucho mejor, porque no solo no podremos producir carne para ciclistas veganos, sino que tampoco podremos transportarla hasta ningún lugar.

Si añadimos las tasas aéreas para que los turistas tampoco lleguen a España por avión, sumamos la ya explicada demonización del coche y la satanización de lo agroalimentario, evidentemente, entiendo ahora que lo mejor que podemos hacer en Valladolid es montar un Parque Logístico Agroalimentario, que es lo que parece que tiene un futuro chachi, un centro que ordene todo el plástico ese de soja ahumada para llevarla en bici a Malasaña. El anuncio me genera bastante optimismo porque quiere decir que ni si quiera Puente se cree una sola palabra de lo que dice Sánchez, y eso es, sin duda, porque lo conoce. O eso o que tiene claro que, después del numerito de los indultos, lo más cerca que el sanchismo estará del poder en 2050 será en una comunidad de vecinos, vecinas y vecines de Vic. Como el PP con la guerra de Irak, dentro de unos años veremos cómo en realidad todos estaban en contra de los indultos y de esta distopía redondil, solo que se les olvidó contárnoslo. Ya, ya. El próximo año mejor que vayan con la estelada a Villalar 2022. O mejor, que canten un himno al pesebre.

Habrá que verles la carita en el monolito defendiendo el fin de la agroalimentación y de la automoción, los indultos a los fascistas esos que tienen como socios y las genuflexiones norcoreanas a quien nos considera una comunidad con menos derechos que a los catalanes. Va a ser divertido. De momento, voy preparando palomitas. Habrá carne, vino y adoquines en mi mesa de partidos. 

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 10 de junio de 2021. Disponible haciendo clic aquí).