Ayer me decía Juan Fernández-Miranda en el despacho de Canalejas que «la derecha no es lo que la izquierda dice que es», aunque creo que no fue ayer y ahora que lo pienso aquel despacho tampoco era el de Canalejas. Pero sirve. Hay una derecha que, en lugar de ser libre, se esfuerza en meterse en la cárcel que la izquierda les ha creado, y se envalentona en la defensa de la caricatura, creyéndose épica en lugar de cerrar El Jueves y limitarse a ser ella misma.

Hay una derecha idealista, llena de poetas, juglares y otras metástasis. Hay una derecha cursi, naif y tontorrona que juega a dar las batallas que quiere la izquierda, como si no las hubiera ganado ya todas, como si fueran retadores y no líderes. Hay una derechista ‘zasca’, una derechita enfadada con el mundo, una derecha que piensa que el progreso es opcional, una cosa que hacen los rojos para enfadarlos a ellos. No entienden que el progreso no es optativo, no hay alternativa, solo hay segundos que se suceden y ya hemos partido. Hay una derecha con emociones como de adolescente enfadado con su padre. Hay una derecha que reta a la izquierda como si se hubieran empollado a Marx y, lo que es peor, como si le hubieran comprado el discurso entero. Y entramos en el absurdo: hay una derecha, que en lugar de querer conservar su status quo, entra de lleno en la dialéctica marxista como clase cultural perdedora y asume las tácticas de la izquierda, sus modos de expresarse y sus lamentos victimistas de clase oprimida y subyugada ante la izquierda pija y postmaterialista.

En lugar de negar la mayor y descansar plácidamente en la paz social, el progreso económico, las sicavs, la caza, los toros, la misa, el 4-5-1 con doble pivote, el fracking, los coches diésel, las vacaciones en agosto y media botella de Dehesa de los Canónigos los días de fiesta, acepta el juego de la izquierda tontita, es decir, compran sin saberlo el discurso marxista. Uno solo es conservador cuando tiene algo que conservar y, por eso, hay una derecha antisistema, revolucionaria y activista que no tiene nada que perder. Decía Pla que «los radicales de ayer aspirarían a ser los conservadores de mañana», pero nunca pensé que los conservadores de ayer llegarían a ser los radicales de hoy.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 15 de junio de 2021. Disponible haciendo clic aquí).